Resumen Del Libro Cuarto De Los Comentarios Reales De Los Incas

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Resumen Del Libro Cuarto De Los Comentarios Reales De Los Incas

Capítulo I: La casa de las vírgenes dedicadas al Sol.

Había un barrio en el Cozco se llamaba Acllahuaci, quiere decir casa de las escogidas. Llámabase así porque las escogen por linaje o por hermosura: habían de ser vírgenes y para seguridad las escogían de ocho años para abajo. Tenían que ser de la misma sangre del Inca quiere decir hijas de los Incas. Las Mamacunas mujeres envejecidas en esta casa hacían de maestras. Enseñaban a las vírgenes a hilar, tejer y coser.

Capítulo II: Los estatutos y ejercicios de las vírgenes escogidas.

Vivían en perpetua clausura hasta acabar su vida. Solo la Coya que es la reina y sus hijas tenían licencia de entrar en la casa y hablar con las encerradas. Tenía la casa su puerta principal como las que acá llaman puerta seglar, la cual no se abría sino para la reina, y para recibir las entradas de las monjas. El principal ejercicio que hacían era hilar y tejer. Hacían ropa finísima. El llauto que era una trenza del Inca. La camiseta que llaman uncu. La capa que llaman yacolla. La bolsa al que llaman chuspa. Unas borlas pequeñas llamadas paycha.

Capítulo III: La veneración en que tenían las cosas que hacían las  escogidas, y la ley contra los que las violasen.

Todas las cosas que hacían las monjas eran para el Sol. Y este se las enviaba al Inca, como hijo legítimo y natural. El mismo Inca no podía darle a otro alguno que no fuese de la sangre real. Hacían también el pan llamado zancu para los sacrificios al Sol. Hacían la bebida que en su lengua llaman aca. Para la monja que delinquiese contra su virginidad la enterraban viva, y el cómplice era ahorcado y mataban a toda su familia y su pueblo así quedaba desolado y maldito.

Capítulo IV: Que había otras muchas casas de escogidas. Compruébase la ley rigurosa.

En las provincias había casa de las escogidas. Entraban doncellas de toda suerte. Así legitimas de sangre real y también bastardas. Guardábanse con la misma vigilancia y cuidado que las del Sol. Hilaban y tejían para el Inca. Obras que el Inca repartía para todas las personas que él eligiera. Tenían Mamacunas, guardaban perpetua clausura, porque eran para el Inca. Contra los delincuentes era la misma ley rigurosa que contra los adúlteros de las escogidas dedicadas al Sol. Las que salían como concubinas del Rey ya no podían volver a la casa.

Capítulo V:  El servicio y ornamento de las escogidas y que no las daban por mujeres a nadie.

Muerto el Inca. Su mujer pasaba a ser Mamacuna y servía para adoctrinar a las que viniesen después. En todas las casas de las doncellas escogidas para el Inca la vajilla y demás vasos eran de oro y plata. Lo que se gastaba en el servicio de los señores vasallos era poco o nada. Las doncellas dedicadas una vez para mujer del Inca, no era lícito bajarlos de aquel estado. Eran mujeres sagradas.

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Capítulo VI: De cuáles mujeres hacia merced el Inca.

El Inca daba mujeres a personas beneméritas, como curacas, capitanes y otros semejantes. También daba mujeres bastardas de su sangre real.

Capítulo VII: De otras mujeres que guardaban virginidad y de las viudas.

Había mujeres de sangre real que vivían en recogimiento y honestidad, con voto de virginidad. Eran llamadas Ocllo. Las viudas guardaban gran clausura por todo el primer año de su viudez. Eran favorecidas en sus leyes.

Capítulo VIII: Cómo casaban en común y cómo asentaban la casa.

Mandaba el Rey juntar todos los mozos y mozas. El Inca los juntaba y los casados iban a la casa del novio. Otro día casaban los ministros a los demás vecinos de la ciudad. Los Incas no tuvieron otra manera de casar y sino las que he referido. Los curacas asistían a los casamientos de sus provincias. En los casamientos de la gente común eran obligados los consejos de cada pueblo a labrar las casas de sus novios.

Capítulo IX: Casaban al Príncipe heredero con su propia hermana, y las razones que para ello daban.

Los Incas tuvieron ley y costumbre. Que el heredero casase con su hermana mayor, legitima de padre y madre llamada Coya. Tuvieron en su gentilidad que la Luna era hermana del Sol. Por ello lo imitaban decían que el Sol se había casado con su hermana. También lo hacía para conservar limpia la sangre del Sol. A  estas razones añadían otras. Los Reyes tuvieron  muchas concubinas, eran parientes de cuarto grado.

Capítulo X: Diferentes maneras de heredar los estados.

A falta de hijos de la legítima mujer. Heredaban al mayor de los legítimos de sangre. No un bastardo. Siempre desde el cuarto grado de parentesco. En los curacas hubo diferentes costumbres. En las provincias heredaban al hijo primogénito. En otros heredaban al hijo bienquisto. En otras heredaban a los hijos por su antigüedad. Estas costumbres no la hicieron los Incas, los Curacas los usaban antes del imperio de los Incas.

Capítulo XI: El destetar, trasquilar y poner nombre a los niños.

Los Incas destetaban a su primogénito a partir de los dos años arriba. Hacían gran fiesta. Donde cortaban el pelo y hacían grandes regalos. La fiesta duraba tres o cuatro días. Los curacas y toda la gente del Perú hacían lo mismo. Para decir hijos tienen dos nombres. El padre dice churi y la madre huahua. Con rigor. Para llamarse hermanos el varón dice huaque. De mujer a mujer ñaña.

Capítulo XII: Criaban los hijos sin regalo ninguno.

Los hijos criaban extrañamente. Los bañaban en agua fría. Decían para acostumbrarlos al frio y al trabajo. Teniánlos siempre echados en las cunas. Al darles leche no lo toman en su regazo o brazos por que se hacían llorones. Le daban leche tres veces al día. Solo la madre criaba al niño no lo daban a otra mujer y se prohibían del coito mientras daban la leche. Si la madre tenía abundante o suficiente leche nunca más le daban de comer hasta que se destetaba. La parida se iba a un arroyo y se lavaba son agua fría y volvía  a las haciendas de su casa como si nunca hubiera parido. Parían sin partera.

Capítulo XIII: Vida y ejercicio de las mujeres casadas.

Las mujeres casadas hilaban y tejían en las tierras frías. El algodón en tierras calientes. Cosían poco. No hubo sastres ni zapateros. Al trabajo de campo acudían todos hombres y mujeres. Las indias eran tan amigas de hilas y tan enemigas de perder cualquier espacio de tiempo. Por el camino iban torciendo la que llevaban hilado. Hilaban en una conversación. Los husos los hacían de caña. La rueca traen en la mano izquierda.

Capítulo XIV: Cómo se visitaban las mujeres, como trataban su ropa, y que las había públicas.

Si alguna mujer que no fuese palla, visitaba a la palla de la sangre real no llevaba hacienda alguna. La buena costumbre de visitarse las unas a las otras, llevando sus labores consigo las imitaron también las mujeres españolas aquí en el Cozco. Cuando su ropa de vestir se rompía la remendaban con el mismo hilo y utilizaban una aguja hecha de una espina. Para guisar o comer tenían hornillas de barro según sus necesidades. No desperdiciaban el fuego ni leña. Las mujeres públicas vivían en el campo. Llámanlas pampayruna que es ramera.

Capítulo XV: Inca Roca, sexto Rey, conquista muchas naciones y entre ellas los Chancas y Hancohuallu.

Inca Roca significa prudente y maduro. Conquista por la banda del Chinchasuyu, manda hacer un puente sobre el rio Apurímac para que cruce su ejército. Con veinte mil hombres, conquista: Tacmara, Quiñualla, Cochaccasa, y Curampa. Después pasó por  Antahuaylla, donde encontró férrea resistencia de los Chancas. Al final estos se sometieron. Guardando rencor en sus corazones como más adelante lo veremos. La provincia de Uramarca también fue conquistada. Así como: La nación llamada Huancohuallu y Uillca. Luego dobló a la costa  y llegó a dos provincias muy grandes, de nombre Sulla y Utunsulla tenían cuarenta mil vecinos.

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Capítulo XVI: El Príncipe Yáhuar Huácac y la interpretación de su nombre.

Yáhuar Huácac quiere decir el que llora sangre. Por orden del Rey Inca Roca y ser príncipe heredero fue mandado a la conquista del Antisuyu. Con quince mil hombres y tres maeses de campo. Fue hasta el rio Paucartampu redujo a los pocos indios que en esa región halló. De allí pasó a Pillcupata luego a Hauisca y Tunu.

Capítulo XVII: Los ídolos de los indios Antis y la conquista de los Charcas.

Los Antis adoraban a los tigres y a las culebras llamadas amaru. También a la yerba cuca o coca como dicen los españoles. El Príncipe Yáhuar Huácac lo conquistó. La provincia se llama Anti, por lo que toda esa banda se llama Antisuyu.

Después de seis años de paz el Rey Inca Roca. Mandó apercibir treinta mil hombres de guerra y seis maese de campo y fue a la conquista de: Chuncuri, Pucuna, y Muyumuyu. Los naturales se alteraron y no quisieron someterse.

Capítulo XVIII: El razonamiento de los viejos y cómo reciben al Inca.

Los más ancianos y mejor considerados orientaron, a los jóvenes, mozos que mirasen las bondades que tenía el Inca Rey si se sometiesen a su vasallaje. Con estas razones aplicaron a los viejos a los mozos de tal manera que dé común consentimiento fueron a recibir al Inca. El Inca también los recibió con mucha afabilidad y regalos. En medio de aclamaciones los indios viejos y mozos le decían: “Bien pareces hijo del Sol. Amador de pobres. Pues apenas fuimos tus vasallos nos colmaste de mercedes y favores”.

Fueron reducidos las provincias: Misqui, Sacaca, Machaca, Caracara, y otras de Chuquisaca. El Inca Rey falleció no habiendo degenerado nada de sus pasados.

Capítulo XIX: De algunas leyes que el Rey Inca Roca hizo y las escuelas que fundó en el Cozco, y de algunos dichos que dijo.

El Padre Blas Valera dice de Inca Roca: reinó casi cincuenta años. Al ladrón, homicida, adúltero y al incendiario, ahorcasen sin remisión alguna. Puso escuelas en el Cozco. Enseñábanles poesía, filosofía, y astrología, a los maestros llamaba amautas que es tanto como filosofo o sabio.

Capítulo XX: El Inca llora sangre, sétimo rey, y sus miedos y conquistas, y el disfavor del Principe.

Yáhuar Huácac gobernó con justicia, piedad y mansedumbre. Pero tenía miedo de ir a sus conquistas por el mal agüero de su nombre. Acordó enviar un ejército de veinte mil hombres a Arequepa. Eligió de capitán general a su hermano el Inca Mayta o Apu Mayta que quiere decir capitán general. Redujeron Arequepa hasta Tacama. Yáhuar Huácac volvió a los cuidados domésticos. Su hijo el primogénito se comportaba mal. El Inca hacia diligencias para corregirle. Era de suma pena ver al príncipe en esta condición. Mandó echarle de la casa y de la corte siendo ya el príncipe de diez y nueve años, se puso a hacer el oficio de pastor.

Capítulo XXI: De un aviso que una fantasma dio al Príncipe para que lo lleve a su padre.

Yáhuar Huácac desterró a su primogénito. Después de un largo tiempo, entró el príncipe en la casa de su padre, solo sólo y sin compañía. El Inca respondió con mucho enojo que se fuera. El príncipe respondió que había venido sino por obedecer a otro gran Inca como él. Entonces el príncipe presto ante su padre le dijo: Estando yo recostado vino a mí un hombre extraño en hábito, tenía barbas y vestido largo. El cual me dijo: “sobrino yo soy hijo del Sol y hermano del Inca Manco Cápac y de la Coya Mama Ocllo Huaco. Llámome Viracocha Inca; y te digo que las provincias de Chinchasuyu están reveladas y junta mucha gente para venir al Cozco. Ve y dile a mi hermano. Y en particular te digo que cualquier adversidad que te sucediese te socorreré como a mi carne y sangre”.

Capítulo XXII: Las consultas de los Incas sobre el recaudo de la fantasma.

El Inca con la pasión y enojo que le tenía a su hijo no quiso creerle. Sus hermanos y tíos que eran tan agoreros y supersticiosos dijeron al Inca que no era menospreciar el mensaje del Inca Viracocha. El Inca no quiso admitir consejos que se les daba y por mandato del Rey callaron los incas y no hablaron más.

Capítulo XXIII: La rebelión de los Chancas y sus antiguas hazañas.

Tres meses después del sueño del Inca Viracocha (así lo llamaron por el fantasma que vio). Las naciones llamadas Chanca, Uramarca, Uillca, Utunsullu, Hancohuallo y otros se habían revelado. Con más de treinta mil hombres de guerra caminaron hacia el Cozco. Los autores: Hancohuallo mozo de veintiséis años, Tumay Huaraca y Astu Huaraca. Hicieron el levantamiento pareciéndoles que con facilidad vencerían al Inca.

Capítulo XXIV: El Inca desampara la ciudad y el Príncipe la socorre.

El Inca Rey huye. Con los pocos Incas que lo siguen va hacia Collasuyu. A la angostura que llamaban Muina. La ciudad del Cozco quedó desamparada. El príncipe Viracocha da alcance a su padre y le dice: ¿Cómo se permite que por una nueva, falsa o verdadera de unos pocos vasallos revelados desampares tu casa? Yo no la quiero, y así vuelvo a ponerme delante de los enemigos. Los que me quisieran seguir vengan en pos de mí. Unos cuatro  mil Incas lo siguieron. El príncipe Viracocha volvía a defender su ciudad. Tomó el camino por donde el enemigo venía. Hasta aquí reino el Inca Yáhuar Huácac.

FIN DEL CUARTO LIBRO.

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