Resumen De Todos Los Libros De Emilio O De La Educacion

Emilio es la criatura ejemplar creada por J.J. ROUSSEAU, que desafía los rigores de las estaciones, léanlo en el presente resumen de la obra  literaria “Emilio” o de la educación.

Resumen De Todos Los Libros De Emilio O De La Educacion

Resumen Del Libro 1, 2, 3, 4 y 5 de Emilio o De La Educacion

Resumen Del Libro Primero

La naturaleza es perfecta, el hombre la degenera. La madre amorosa y prudente, cultiva y riega el tierno renuevo antes que muera. A las plantas les endereza el cultivo y a los hombres la educación. Todo cuanto nos falta al nacer y cuanto necesitamos siendo adultos, se nos da por la educación. El mismo es un arte, por eso es casi imposible su logro, pues el concurso necesario para lograrlo no depende de nadie. La educación no es otra cosa que un hábito. No considero como institución pública estos risibles establecimientos a los que se llama colegios. L a educación solo es útil en tanto que la fortuna se amolde a la vocación de los padres; en caso contrario es perjudicial para el alumno aunque no sea más que por las preocupaciones  que le infunde. En  Egipto, donde los hijos estaban obligados a seguir la profesión de sus padres, la educación tenía al menos un propósito asegurado; pero, entre nosotros, donde las jerarquías subsisten y los hombres pasan sin cesar de uno a otro, nadie sabe si cuando se educa a un hijo para su estado trabaja contra él mismo. VIVIR es el oficio que yo quiero enseñarle, ser primeramente HOMBRE antes que nada. También esta palabra educación tenía entre los antiguos un sentido distinto; significaba alimento. Los padres solo piensan conservar su hijo; eso no basta: deben enseñarle a conservarse como hombre, a soportar los golpes de la fortuna, a arrostrar la opulencia y la miseria. No tanto se trata de impedir que muera cuanto de hacer que viva. El hombre que ha vivido más no es quien cuenta más años, sino aquel que ha sentido más la vida.

Desde que las madres, desdeñando su primera obligación no han querido criar a sus hijos. Estas dulces madres que se entregan al júbilo de diversiones, ¿saben, acaso, cómo se tratan en la aldea a su hijo, envuelto en fajas y pañales? La madre que piensa que pueda ser sustituida se engaña, pues se trata así de resarcir su negligencia. En lugar de hacer un tierno hijo, forma un ser despiadado, ingrato, capaz de abandonar a quien le dio la vida. Las mujeres han cesado de ser madres; no quieren serlo. No obstante, existen pocas mujeres jóvenes de buena índole, capaces de desafiar el imperio de la nada y los clamores de su sexo, cumpliendo con virtuosa intrepidez este deber tan dulce que la naturaleza les impone.

Así como la madre es la verdadera nodriza, el verdadero preceptor es el padre. Mejor lo educará un padre juicioso y de cortos alcances que el maestro más hábil del mundo. Cuando un padre engendra y mantiene a sus hijos, no hace más que la tercera parte de su misión. Quien no puede desempeñar las funciones de padre no tiene derecho a serlo.

No existe más que una ciencia que enseñar a los niños: esta es la de los deberes del hombre. El pobre no tiene necesidad de educación; la de su estado es forzosa. Escojamos pues a un rico; estaremos seguros de haber hecho un hombre más; mientras un pobre puede hacerse hombre por sí solo.

Un cuerpo débil debilita el alma. De aquí proviene el imperio de la medicina, arte más perjudicial a los hombres que todas las dolencias que pueda sanar. La higiene es la única parte útil de la medicina. Los dos médicos eficaces del hombre son la templanza y el trabajo. He aquí las razones por las que quiero que mi alumno sea robusto y sano.

Los hombres no están hechos para vivir hacinados en hormigueros sino esparcidos sobre la tierra que ellos deben cultivar. Cuanto más se reúnen, más se corrompen. Repito que la educación del hombre comienza desde que nace; antes de hablar y antes de oír ya se instruye. Las primeras sensaciones de los niños son puramente afectivos, ellos no perciben sino el placer y el dolor. Cuando llora el niño es que tiene alguna incomodidad, experimenta alguna necesidad que no puede satisfacer; examinamos, averiguamos que necesidad es esta, damos con ella y la remediamos. Las primeras lágrimas son ruegos; sino respondemos de inmediato, se convierten al momento en órdenes; empiezan haciéndose asistir y acaban haciendo que les sirvan. La razón nos enseña a si sola a conocer lo bueno y lo malo. Un niño quiere descomponer todo cuanto ve; rompe, hace pedazos lo puede tomar, agarra un pájaro como agarraría una piedra, y lo ahoga sin saber lo que hace.

Las reflexiones nacen en tropel cuando queremos ocuparnos de la formación del lenguaje y de los primeros razonamientos de los niños. Como quiera que se obre, ellos aprenderán siempre a hablar  del mismo modo y en esto todas las especulaciones filosóficas son absolutamente inútiles. Los niños del campo hablan más fluidamente porque están en la naturaleza y son más libres y efectivamente unos y otros hablan con más claridad que los que han sido criados en casa de sus padres. Emilio no contraerá esos hábitos. Reducid pues, lo más posible el vocabulario del niño. Es grave inconveniente que él posea más palabras que ideas, y que sepa decir más cosas de la que pueda pensar. Los primeros desenvolvimientos de la infancia se hacen casi todos a la vez: habla, come, marcha casi al mismo tiempo.

Resumen Del Libro Segundo  

Acaba la infancia, el segundo escalón de la vida. Las voces Infans y puer no son sinónimas. Cuando los niños comienzan a hablar lloran menos. Para Emilio vivísimos dolores han de ser necesarios para arrancarle lágrimas. Lejos de estar atentos para que Emilio no se hiera, sería para mi enfadoso el que no se hiriese jamás y que crecería sin conocer el dolor. No tendrá chichoneras, canastas, andadores, solo se sostendrá en los parajes empedrados o enladrillados y se le hará pasar de prisa por ellos.

Todo sentimiento de dolor es inseparable del deseo de liberarse de él; toda idea de placer es inseparable del deseo de gozar; todo supone privación, y todas las privaciones que se sienten son penosas: es por tanto, en la desproporción de nuestros deseos y de nuestras facultades en lo que consiste nuestra miseria. ¡Oh hombre! Concentra tu existencia en tu interior y no serás ya miserable. El hombre verdaderamente libre no quiere sino lo que puede, y hace lo que le place.

La naturaleza tiene para fortalecer el cuerpo y hacer que crezcan, medios que nunca deben ser contrariados. No se ha de obligar a un niño a que esté quieto cuando quiera andar, ni que ande cuando quiere estar quieto. La obra maestra de una buena educación es hacer un hombre razonable; ¡y pretenden educar a un niño por la razón! Esto es comenzar por el fin y querer que la obra sea el instrumento. Si los niños razonasen, no tendrían necesidad de ser educados. La naturaleza quiere que los niños sean niños antes de que sean hombres. He aquí precisamente lo que es necesario prevenir. Emplead la fuerza con los niños y la razón con los hombres, tal es el orden natural; el prudente no tiene necesidad de leyes. Tratad a vuestro alumno según su edad. Ponedle primero en su lugar y centrarle en él de manera que no intente la salida. No deis a vuestro alumno lecciones verbales; no debe recibir sino la de la experiencia: no infligirle ninguna clase de castigo, pues él no sabe lo que es cometer una falta: no le hagáis nunca pedir perdón pues no sabría ofenderos. La primera educación debe de ser meramente negativa. Consiste no en enseñar la virtud ni la verdad, sino en preservar de vicios el corazón y de errores el ánimo. Haced todo lo contrario de lo que se acostumbra, y casi siempre acertareis. Hombre prudente, acecha por mucho tiempo la naturaleza, observa bien a tu alumno antes que le digas una palabra deja que se manifieste con entera libertad el germen de su carácter, no le violentes en cosa ninguna para verle mejor completo. ¿Pensáis que este tiempo de libertad se habrá perdido para él? Todo lo contrario lo empleará mejor.

Mientras que el niño este todavía son conocimientos se dispone de tiempo de preparar todo lo que le aproxime a no poner sus primeras miradas sino en los objetos que le conviene ver. Emilio será educado en el campo. Es característica de toda edad el: querer, creer, imitar, producir dar signos de actividad y fuerza. Sólo precisará haber visto dos veces labrar un jardín, sembrar, brotar, crecer las legumbres para que él quiera hacer de jardinero a su vez. Der niños atolondrados proceden los hombres vulgares. Respetad la infancia y no os apresuréis a juzgarla, sea para bien sea para mal. Un niño mal instruido está más lejos de la sabiduría que aquel que no ha sido instruido del todo. Antes de la edad de la razón, el niño no recibe ideas sino imágenes y existe una diferencia entre las unas y las otras. Las preguntas demasiadas complicadas fatigan y repelen a todo el mundo y con más razón a los niños. Al cabo de algunos minutos se relaja su atención, no escucha más la demanda de un obstinado preguntón y solo responden al azar.

Resumen Del Libro Tercero

A los doce o trece años, se desarrollan las fuerzas del niño con mayor rapidez que sus necesidades. Es el tiempo más precioso de la vida, tiempo que no llega sino una sola vez, tiempo muy corto, cuanto más importa emplearlo bien. Ya es llegado el tiempo de trabajar, de instruirse, de estudiar; y nótese que no soy yo quien arbitrariamente hago esta elección, que es la naturaleza quien la indica. No se trata de saberlo todo sino únicamente lo que es útil. Transformemos en ideas nuestras sensaciones, pero no saltemos de repente de los objetos sensibles a los intelectuales que por los primeros hemos de llegar a los últimos. Sean siempre los sentidos los guías del espíritu en sus primeras operaciones. No consultemos otro libro en el mundo ni otra instrucción que los hechos. El niño que lee no piensa, no hace más que leer; no se instruye solo aprende palabras. N o utilices con el niño discursos que no puede entender. Nada de descripciones, de elocuencia, de figuras, de poesía. No es ahora cuestión de sentimiento ni de gusto. Continuad siendo claro sencillo y frio; no tardará el tiempo de emplear otro lenguaje. Jamás sabemos colocarnos en el lugar de los niños, no entendemos sus ideas, les prestamos las nuestras, y, siguiendo siempre nuestros propios razonamientos, con cadenas de verdades solo amontonamos en su cabeza extravagancias y errores. A pesar de todo, no cabe duda que es necesario guiarle, pero muy poco y sin que lo advierta, si él se equivoca dejadlo hacer, no corrijáis sus errores, esperad en silencio a que él esté en estado de verlos y corregirlos por si mismo. No se trata de enseñarles las ciencias, sino darle el gusto para amarlos y métodos para aprenderlos, cuando ese gusto este mejor desarrollado. Esto es, muy ciertamente, un principio fundamental de toda buena educación. En lugar de pegar a un niño sobre los libros, si yo lo ocupo en un taller, sus manos trabajan en beneficio de su espíritu: llega a ser filósofo y cree no ser otra cosa que un obrero. Que el niño no haga nada bajo palabra: nada es bueno para él sino o que él siente como bueno. Importa que un hombre sepa muchas cosas cuya utilidad no acertaría a comprender un niño; pero  ¿es preciso y posible que un niño aprenda todo cuanto le importa saber a un hombre? Trabajad por enseñar al niño todo aquello que es útil para su edad, y veréis como todo su tiempo está más que cubierto. Además no hagáis comparaciones con otros niños, nada de rivales, nada de concurrentes, incluso en la carrera, tan pronto como él comienza a razonar; yo estimo cien veces más que no aprenda aquello que no aprendería sino por celos o por vanidad. Yo odio los libros, no enseñan a hablar de lo que no se sabe. Los cerebros bien preparados son los monumentos en donde se graban más firmemente los conocimientos humanos. Yo quiero que el cerebro de Emilio  funciones, que se ocupe sin cesar de su castillo, de sus cabras, de sus plantaciones que aprenda en detalle no en libros sino en la vida, todo lo que es necesario saber.

Ninguna sociedad puede existir sin cambio, ningún cambio sin medida común y ninguna medida común sin igualdad. Por tanto, toda sociedad tiene como primera ley alguna igualdad convencional, sea en los hombres, sea en las cosas. Supongamos unos hombres de los cuales cada uno tiene diez clases de necesidades. Es preciso que cada uno, para lo que le es necesario, se aplique a diez clases de trabajo, pero vista la diferencia de inteligencia y talento, el uno logrará menos en algunos de estos trabajos, el otro en otro. Todos aptos para diversas cosas, harán las mismas, y estarán mal servidos. De todas las ocupaciones que dan subsistencia al hombre la que más se acerca al estado de la naturaleza es el trabajo manual o sea el artesano, es libre dueño de sus brazos. La agricultura es el primer oficio del hombre. Yo no digo a Emilio: aprende la agricultura él la conoce. La letra mata el espíritu vivifica. Se trata menos de aprender un oficio, para saber un oficio, que para vencer los prejuicios que la menosprecian. He aquí el espíritu que debe guiarnos en la elección de oficio para Emilio, o mejor no es a nosotros a quienes incumbe el hacer esta elección, sino a él. Le muestro la ruta de la ciencia, fácil a la verdad, pero larga, inmensa lenta de recorrer, le hago dar los primeros pasos pero que él conozca la entrada, pero jamás le permito ir lejos. Emilio tiene pocos conocimientos, pero las que tiene son verdaderamente suyos; él no sabe nada a medias. Con respecto a la muerte no sabe aun lo que ésta es; pero acostumbrado a soportar sin resistencia la ley de la necesidad, cuando sea necesario morir, morirá sin gemir y sin debatirse, esta es todo lo que la naturaleza permite en este momento odiado de todos. Vivir libre y atenerse poco a las cosas humanas es el mejor medio de aprender a morir. En una palabra, Emilio tiene la virtud, de todo lo que se relaciona con él.

Resumen Del Libro Cuarto

¡Cuán rápidamente pasamos sobre esta tierra! Nacemos a decirlo así, en dos veces: la una para existir y la otra para vivir, la una por la especie y la otra por el sexo. El primer sentimiento de un niño es la de amarse a sí mismo; y el segundo que deriva del primero, es de amar a aquellos que le rodean; pero en el estado de debilidad en el que se encuentra, no conoce a nadie sino por la asistencia y cuidados que él recibe.  Lo que hace al hombre esencialmente bueno es tener pocas necesidades y el no compararse mucho a los demás; lo que le hace esencialmente malo es tener muchas necesidades y atenerse demasiado a la opinión. Sobre este principio es fácil comprender cómo pueden ser dirigidos al bien, o al mal todas las pasiones de los niños y de los hombres. El paso de la infancia a la pubertad no está determinado totalmente por la naturaleza que no varía, en los individuos según los temperamentos y en los pueblos según los climas. Aun cuando el pudor sea natural en la especie humana, los niños carecen naturalmente de él. El pudor no nace sino con el conocimiento del mal ¿y cómo los niños que no tienen ni deben tener este conocimiento, podrán poseer el sentimiento que es el afecto del mismo? Darles lecciones de pudor y de honestidad; enseñarles que hay cosas vergonzosas y deshonestas es facilitarles el deseo secreto de conocer estas cosas. Tarde o temprano alcanzan su objetivo, y la primera chispa que alcanza la imaginación acelera a golpe seguro el abrazamiento de los sentidos. Aquel que enrojece es ya culpable; la verdadera inocencia no se avergüenza de nada. Vuestros hijos leen; ellos adquieren en sus lecturas conocimientos que no poseerían  si no hubiesen leído.  Si estudian ellos se enciende la imaginación y se aviva el silencio del gabinete. Es muy necesario que las acciones de los demás les sirvan de modelo, puesto que los pensamientos de los otros les sirven de lay. Un niño formado, educado, civilizado, no se engaña nunca respecto al momento en que la potencia le sobreviene. La verdadera marcha de la naturaleza es más gradual y más lenta. Poco a poco la sangre se inflama, se elaboran los espíritus, se forman los temperamentos. El primer sentimiento de un joven educado cuidadosamente es susceptible no es el amor sino la amistad. Resumamos todas las reflexiones en las siguientes máximas.

  1. “No está en el corazón humano el situarse en lugar de las personas que son más felices que nosotros, sino únicamente en el de aquellas que tienen más motivo de queja”.
  2. “No se compadezcan jamás en otros sino los males de los que no se cree exento uno mismo”
  3. “La compasión que se siente por el mal de otros no se mide por la cantidad de esta desgracia, sino por el sentimiento con que se destaque de cuantos los sufren”.

Juzgamos mucho de la felicidad por las apariencias. La alegría solo es un signo muy equivoco. Un hombre alegre no es con frecuencia sino un infortunado que busca confundir a los demás y aturdirse. El verdadero contento no es alegre ni alocado; celoso de un sentimiento tan agradable gustándolo se piensa en él, se le saborea temiendo evaporarle. Un hombre verdaderamente feliz no habla nada no ríe nunca, él estrecha por decirlo así, la felicidad en torno a su corazón. Miembros grandes y robustos no forman el valor ni el genio; y yo concibo que la fuerza del alma no acompaña a la del cuerpo, cuando además, los órganos de la comunicación de las dos sustancias están mal dispuestos. Justicia y bondad no son solamente palabras abstractas, de puros seres morales formados por el entendimiento, sino verdaderas afecciones del alma iluminada por la razón. Es menos las fuerzas de los brazos que la moderación de los corazones lo que hace a los hombres independientes y libres. Para conocer a los hombres es necesario verlos actuar. Los peores historiadores para un joven son aquellos que juzgan. No existe locura de la que no se puede curar un hombre que no está loco, excepto de la vanidad. Yo también, he enseñado a vivir a mi Emilio; pues le he enseñado a vivir consigo mismo y, además a saber ganar el pan. Pero esto no es suficiente. Para vivir en el mundo se necesita saber tratar a los hombres, conocer los instrumentos que actúan sobre ellos, calcular la acción y la reacción del interés particular de la sociedad civil y prever con tanta justeza los acontecimientos, que rara vez seamos engañados en sus empresas o que al menos se hayan tomado siempre los mejores medios para lograr el éxito.

Resumen del Libro Quinto.

Sofia o la mujer.

Sofía debe de ser mujer como Emilio es hombre. Examinemos las analogías y las diferencias de su sexo y del nuestro. En todo cuanto corresponde al sexo; la mujer es hombre. En todo lo que se relaciona al sexo, la mujer y el hombre tienen en todas relaciones y en todas diferencias: la dificultad para compararlas deriva de determinar en la constitución del uno y del otro lo que se debe al sexo y lo que no depende de él. Una mujer perfecta y un hombre perfecto no deben asemejarse más en el espíritu que en el rostro. En la unión de los sexos cada uno concurre igualmente al objetivo común, pero no de la misma manera. Si la mujer está hecha para complacer y para ser subyugada, debe hacerse agradable al hombre en lugar de provocarlo; su violencia está en sus encantos, mediante ellos debe constreñirle  a hallar su fuerza ya utilizarla. Con la facilidad que tienen las mujeres de agitar los sentidos de los hombres y de despertar en el fondo de los corazones los restos de un temperamento casi extinto, inevitablemente seriamos arrastrados hacia la muerte. Para ellas el deseo solo procede de la necesidad, satisfecha ésta, cesa el deseo; ellas no rechazan al macho por fingimiento, sino con normalidad. Ved como lo físico  nos lleva insensiblemente a lo moral, y como de la grosera unión de los sexos nacen poco a poco las más dulces leyes del amor. Las mujeres no ejercen su ingenio porque los hombres lo hayan querido sino porque así lo quiere la naturaleza.

Todo marido infiel que priva a su mujer del único premio de los austeros deberes del sexo, es un hombre injusto y bárbaro; pero la mujer infiel hace más, disuelve la familia y rompe todos los lazos de la naturaleza; dándole al hombre hijos que no son de él. Importa pues, no solamente que la mujer sea fiel; sino que sea considerada como tal por su marido, por sus familiares, por todo el mundo; importa que sea modesta, atenta, reservada, que lleve a los ojos de los demás, como a su propia conciencia, el testimonio de la virtud. Cultivar en las mujeres las cualidades del hombre descuidar aquellas que le son propias, es, pues, visiblemente trabajar en perjuicio suyo. Por la extrema debilidad de las mujeres comienza la de los hombres. Solo el espíritu es la verdadera fuente de sexo. La primera cosa que observan al crecer las jóvenes es que estos arreglos extraños no le bastan, s i no son aparentes para ellas. Las mujeres tienen la lengua flexible; hablan más pronto, más fácil, y más agradablemente que los hombres. Para amar la vida pacífica y hogareña es necesario conocerla, haber sentido sus dulzuras desde la infancia. No existe verdadero amor sin entusiasmo sin un objeto de perfección real y quimérica, pero existente siempre en la imaginación.

No repetiré lo suficiente que dejo aparte los prodigios. Emilio no es uno de ellos; Sofía tampoco lo es. Emilio es hombre y Sofía es mujer; aquí tenemos toda su gloria. En la confusión de los sexos que reina entre nosotros, es casi un prodigio pertenecer a uno concreto. Sofía es bien nacida, tiene el corazón muy sensible, tiene el espíritu menos justo que penetrante, el humor fácil y por consiguiente desigual, la figura común pero agradable, una fisonomía que promete un alma y no miente. No es bella; pero a su lado los hombres olvidan a las mujeres hermosas, y las mujeres bellas quedan descontentas de sí mismas. A Sofía le gusta el adorno y lo sabe, su madre no tiene otra camarera que ella; la joven posee gran gusto para situarse con ventaja,  pero odia los ricos atavíos, se ve en lo suyo la sencillez unida a la elegancia. Posee talentos naturales, los percibe y no lo ha abandonado: pero no habiendo sido colocada en  condición de poner mucho arte en su escultura, se ha contentado de ejercitar su alegre voz en cantar precisa y con gusto. Sofía es de una sensibilidad demasiado intensa para conservar un humor parigual, pero posee demasiada dulzura, para que esta sensibilidad sea muy importuna a las demás. Con una madurez de juicio tan acusada, y formada en todos los aspectos como una joven de veinte años. Para responder  a los propósitos de sus padres su tía lo llevó a las reuniones, a las fiestas, lo hizo conocer al mundo.

Si queréis prevenir los abusos y formar matrimonios felices, ahogad los prejuicios, olvidad las instituciones humanas, y consultad la naturaleza. Por tanto en lugar de destinar desde la infancia una esposa a mi Emilio, he esperado a conocer la que le conviene. Afirman los hombres que la vida es corta, y advierto que ellos se esfuerzan en hacerla más corta todavía. Obsesionados siempre por el motivo a la que tienden ven con pesar la distancia que de él los separa; El uno quiere vivir en su mañana inmediato, el otro en el mes próximo, el otro pasado diez años, nadie quiere vivir hoy. Pero el gabinete de Emilio es más rico que el de los reyes, este gabinete es la tierra entera.

Al finalizar solamente agradecimientos por la atención prestada y hasta un próximo resumen.

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