Resumen De La Obra Mi Planta De Naranja Lima

Amigos les presento a Zezé, un niño de apenas cinco años de edad, pero con una mente hábil y precoz, pasa una infinidad de adversidades debido a la pobreza que afecta a su familia. Léanlo en el presente resumen de: “Mi planta de naranja-lima” escrita por, José Mauro de Vasconcelos.

 Resumen De La Obra Mi Planta De Naranja Lima

Mi Planta De Naranja Lima Resumen Corto

PRIMERA PARTE.

  1. EL DESCUBRIDOR DE LAS COSAS.

Totoca venia enseñándome la vida. Era mi hermano mayor. Yo también venia descubriendo cosas solo. Cantar sí que era lindo. Y estaba recordando una música que cantaba mamá cuando yo era  pequeño. Totoca me llevó al borde de la carretera Rio- San Pablo. Allí pasaba de todo. Camiones, automóviles, carros y bicicletas. Me enseñó a cruzar la carretera. Cuando crezca quiero ser sabio y poeta y usar corbata de moño. Bien ¿viste como soy tu amigo Zezé? Entonces no cuesta nada decirme como conseguiste “aquello”…

Entonces fui recordando algo que había pasado la semana anterior. Cuando al tío Edmundo le dije que voy a leer. Después cuando anocheció le dije a Jandira que me alce para leer una oración que servía para proteger a la casa, que estaba detrás de una estrella de papel. Lo leí correctamente y todos quedaron asombrados, boquiabiertos. Tío Edmundo también me hizo leer el diario y me regaló un caballito de madera.

  1. UNA CIERTA PLANTA DE NARANJA-LIMA.

En casa, cada hermano mayor criaba a uno menor. Lalá me había tomado por su cuenta hacia bastante tiempo. Después venía mi hermanito Luis. A quien primero cuido Gloria después yo. Al quien llevé a jugar. Jugamos al jardín zoológico. El otro juego era Luciano, que era un avión que volaba por el “campo dos Afonsos”. Después pasábamos por el jardín zoológico, visitando a la jaula de los monos, leones, panteras, todo imaginariamente.

Hoy todo el mundo va a ver la casa nueva dijo mamá. ¿Cuándo tenemos que mudarnos mamá? Preguntó Gloria. Dos días después de navidad respondió. Hablaba con una voz cansada. Y yo sentía pena por ella. La casa era un poco más chica. Mamá desató el alambre que sostenía el portón y todo el mundo se lanzó hacia adelante. Gloria se precipitó en una carrera, y abrazó la “mangueira” (árbol frutal que da la manga). Antonio hizo lo mismo con la planta de tamarindo. Yo me quedé con una pequeña planta de naranja-lima. Estaba desconcertado. Me sentía el ser más despreciado del mundo. Me enojé. Sentado en el suelo, apoyé mi enojo en i planta naranja-lima. Habló una voz cerca de mi corazón, era del árbol. ¿Por qué me hablas? Le pregunté. Los árboles hablan por todas partes. Por las hojas, por las ramas, por las raíces. ¿Quieres ver? Apoya tu oído y vas a escuchar palpitar mi corazón. Tic…tac…tic…tac… Me quedé maravillado.

  1. LOS FLACOS DEDOS DE LA POBREZA.

Cuándo le conté mi problema a tío Edmundo. Lo encaró con toda seriedad. Crees que el murciélago te quiere mucho… Sí, me quiere, entonces puedes estar seguro que ira. Los murciélagos tienen sentido de la orientación. Birquinho me dijo: Que mañana a la ocho en la puerta del cine Bangu. El dueño de la fábrica mandó comprar un camión de juguetes. ¿Vas? Sí que voy y llevaré a Luis. Pedí a mi hermana Gloria que nos llevará pero no quiso. Escucha Zezé. “Tengo un montón de cosas que hacer, planchar, ayudar en la mudanza, vigilar la cazuela en el fuego…” ¡Y ahora basta!  Ve a jugar. Pero no fui y me las ingenie para que me hiciese caso. Pero al final terminó cerrando toda la casa para no verme.

Arreglé a mi hermanito Luis. Lo vestí sin hacer ruido. Acomodé sus cabellos y lo peiné. Lindo y arregladito como estaba hasta podía ser confundido con el niño Jesús. Gloria lloró no podía llevarnos. Encargo a don Pasión el cartero para que nos llevara al sitio en donde iban a regalar los juguetes. Pero nos abandonó antes de llegar. Tomé con más fuerza la mano de Luis y continuamos la marcha. Llegamos muertos de cansancio. No había nadie. No parecía que hubiera habido repartición de juguetes. Don Coquito el portero, dijo que todo se había acabado y que llegamos demasiado tarde. Estaba triste y desilusionado. En la cocina estaba Dindinha que había venido para hacer “rebanada” mojada en vino. Era la cena de la nochebuena. Fue una comida triste que ni daba ganas de pensar. Todo el mundo comió en silencio, y papá apenas probó un poco de “rebanada”. Ni siquiera había querido afeitarse. Tampoco habían ido a la misa del gallo. Más parecía el velorio del niño Jesús que su nacimiento. Papá agarró el sombrero y se fue. Lo más triste fue cuando la campana de la iglesia llenó la noche de voces felices. Y algunos fuegos artificiales se elevaron a los cielos para que Dios pudiera ver la alegría de los otros. Fuimos a la cama a dormir. Puse mis zapatillas con la esperanza de que me tocara un regalo.

Al despertar revisé mis zapatillas y estaban vacías. ¡Que desgracia tener un padre pobre! Papá escuchó, agarró el sombrero y se fue para la calle. Totoca me culpó de todo. ¿Por qué hice eso Dios mío? Mi talón tocó la caja de lustrar zapatos y tuve una idea. Tal vez así papá me perdonaba tanta maldad. No hablé con nadie y salí caminando. No había gente todos estaban durmiendo, no hallé ningún cliente, para lustrarle los zapatos, me senté y lloré. Don Coquito golpeó mi cajón y me pidió que le lustrara los zapatos. Me pagó cinco cruzeiros. Proseguí. ¡Se lustra patrón!  Un niño bajó del coche y me puso en el bolsillo cinco cruzeiros. Llegué a la casa de los Villa Boas. Sergito andaba por entre las plantas, en una hermosa bicicleta. ¿Qué te pasa Zezé? Estas raro me dijo. ¿Te regalaron muchas cosas? Este año no tuvimos navidad en casa. Papá todavía está sin empleo. Sergio metió la mano en el bolsillo y me dio una moneda eran diez cruzeiros.

Me lancé en carrera al cafetín “Miseria y hambre”. Compré cigarrillos para papá. Pagué hice envolver el regalo. Y me lo llevé a casa. Mira papá compré una cosa lida para ti. Miré a papá, su rostro barbudo, sus ojos. Solo podía decirle; Papá…papá…y la voz fue consumiéndose entre lágrimas y sollozos. Él abrió los brazos y me estrechó tiernamente.

  1. EL PAJARITO, LA ESCUELA Y LA FLOR.

Casa nueva. Vida nueva y esperanzas simples, simples esperanzas. Llegué a la casa. Di un salto y me fui. Minguito (mi planta de naranja-lima), ahora vamos a vivir siempre uno cerca del otro. Voy a ponerte tan lindo que ningún árbol podrá llegarte a los pies.

Al comienzo me portaba bien. Rellené una media negra de mujer. Parecía una cobra. Lo puse en el camino. Y ¡zas! Comencé a tirar de la cobra. La mujer dio un grito tan grande que despertó a toda la calle. ¡Socorro! ¡Socorro!… Una cobra. Corrí a esconderme en el cesto de ropa sucia y me metí dentro. Mamá me descubrió y me dio una zurra que nunca olvidaré.

Al día siguiente fui donde el tío Edmundo. Le consulté sobre el pajarito que tenía dentro de mí. El pajarito fue hecho por dios para ayudar a las criaturas. Después cuando el niño ya no lo necesita más, devuelve el pajarito a Dios. Entonces solté mi pajarito ya no lo necesitaba más.

Gloria me llamó temprano me aseó y me llevó a la escuela. La directora dijo que era muy pequeño. El día 26 de febrero cumple seis años, si, señora, dijo Gloria. Di mi nombre y me dieron el uniforme. Y vinieron las novedades. Y las peleas. Los descubrimientos de un mundo donde todo era nuevo. Era el mejor de la clase que leía. El mejor “Lecturero”.

Los días fueron pasando una tarde aparecí con una flor para mi maestra. Ella se puso muy emocionada. Me dijo que era un caballero. Gloria decía que dejaba mi diablito guardado en el cajón y me volvía otro chico.  Le solicité a mamá me comprara un traje  que había dejado de utilizar Nardito por ser muy chico. Mamá soy el alumno más estudioso de mi clase. La profesora dice que voy a ganar un premio. Mi mamá aceptó. Le besé la mano.

Godofredo entró en clase. Habló con Cecilia Parm (la maestra). Desde ese momento me prohibió que hurtara flores del jardín de Godofredo para traerlos a ella. ¿Acaso el mundo no es de Dios? Entonces las flores son de él… Quedó espantada con mi lógica.

  1. EN UNA CELDA HE DE VERTE MORIR.

Fui a la sacristía, pedí a don Zacarías, los cabitos de vela. Reuní los pedacitos y los metí en medio de mi bolsa. Y los pasé lo más rápido posible por la calzada. Quería ver de lejos quien iba a resbalar de nuevo. Era doña Corina. La mujer estaba desparramada en el suelo diciendo malas palabras. Escuché cantar a un hombre. La que quería que cantase era “Fanny”. Cuando llegaba a esa parte donde decía: “En una celda he de verte morir”. La gente salía de las casas y compraba un folleto. ¡Nadie en el mundo canta  tan lindo como usted! Y nos fuimos cantando y vendiendo. El cantaba y yo iba aprendiendo. ¡Mira que eres vivo! ¿Cómo te llamas? Zezé. Y yo Ariovaldo. Tomó la mano entre las suyas para sellar “la amistad hasta la muerte”.

No veía la hora de que llegara martes. Ya iba a esperar a don Ariovaldo a la estación. Su lindo vozarrón abría la ventana de la mañana. ¡Que cosa! Las muchachas venían corriendo a comprar. Lo que me gustaba era vender los folletos. ¿De veras formamos un dúo? Déjeme cantar le dije, usted canta fuerte y yo entro con la voz más dulce del mundo. Y debajo del sol caliente recomenzamos el trabajo Hasta que apareció doña María de la Peña ¡Muy bonito! ¡Muy bonito! Que una criatura cante una inmoralidad así. Don Ariovaldo la amenazó con un cuchillo y la vieja se fue. Luego conversamos y me dijo: Eres un Ángel, Zezé… Le dije adiós con la mano y comencé a reírme. ¡Ángel! Es porque él no sabe…

SEGUNDA PARTE.

  1. EL “MURCIELAGO”.

Totoca y yo nos poníamos a la espalda nuestras mochilas. En la mano llevábamos las zapatillas de tenis, para calzarlos cuando estemos cerca de la escuela. Me fascinaba la carretera Rio-San Pablo. “Sin duda el murciélago”.  Treparme a la parte trasera de los automóviles y sentir el camino desapareciendo a tal velocidad que el viento me castigaba corriendo y silbando. Me propuse subirme al carro del portugués. No tienes coraje para eso. ¿Qué no tengo? Ya vas a ver Minguito (la planta de naranja-lima) De un salto estaba pegado a las ruedas con todas la fuerzas que me daba el miedo. Me descubrió el portugués. ¿Qué piensas mocoso, que no te he estado observando, todos los días espías mi coche?  Me tomó de las orejas. La humillación me dolía más que el propio dolor. Soltó rápidamente mis orejas y me puso sobre sus rodillas. Me aplicó una sola palmada, pero con tal fuerza que pensé que mi trasero se había pegado a mi estómago. Salí atontado, bajo las burlas. Me encontré con Totoca que me involucró en una pelea del cual salí con un ojo morado y varios golpes. No resistí y acabe contándole mi fracaso a Minguito. Pero enseguida pasó la rabia y nos pusimos a conversar de otras cosas. Escuchamos un barullo y era Luis que se venía acercando. De repente Minguito se convirtió en el más bello caballo del mundo. Vamos, vamos, caballito. Corre, corre, la planicie está llena de bisontes y búfalos. Pero les sentía  miedo.

  1. LA CONQUISTA.

Ya el portugués no estaba. Caminaba más libremente. Llegó el tiempo de los vientos, el tiempo de la cometa. Minguito se había dado un estirón y pronto daría frutos. Mi planta de naranja-lima era precoz como yo. El mundo de la escuela también era bueno. Los martes íbamos con mi amigo Ariovaldo y vendíamos todo. En la escuela yo era un ángel. Jamás me habían reprendido y era el mimado de las maestras. Vi las guayaberas de la casa de la negra Eugenia.  El diablo me dio fuerzas para descender y me empujó hasta las cercas de las plantas salté y un vidrio se clavó en mi pie izquierdo. Desesperado y triste fui donde Gloria le supliqué que no me pegaran y me curó la herida.

Al día siguiente Gloria me defendió, porque todos me pegaban. Me ayudó a calzar las zapatillas y me dejó en el camino a la escuela. De pronto apareció el portugués, bajó de su coche y me llevó directo a la farmacia, donde el doctor Adaucto Luz curó mis heridas y me puso una inyección antitetánica. El portugués me dijo: “Así no puedes ir a casa muchachito” te llevaré. Inventa cualquier cosa, puedes decir que te golpeaste en el recreo y que la maestra te mandó a la farmacia. Lo miré con gratitud. El portugués se había transformado ahora en la persona que yo más quería en el mundo.

  1. CONVERSACIONES DE AQUÍ Y ALLA.

Conversé con Minguito mi planta de naranja-lima. Ya conocía donde vivía el portugués. Agarré mi cajón de lustrar y me encaminé hacia su casa, toqué. Salió con el jabón entre la cara estaba afeitándose. Me hizo entrar en tan lujosa casa, y me invitó café con pan. Tanto hiciste que descubriste donde vivía, me dijo. Tengo que salir con mi cajoncito sino piensan que estoy haciendo travesuras y me pegan le respondí. Yo no sirvo para nada. Soy muy malo. Por eso en navidad es el diablo el que nace para mí, y no recibo regalos. Soy una peste. Se rascó la cabeza admirado.

Le conté que mamá trabajaba y que llegaba muy cansada. También de mi hermana mayor que era muy enamoradiza. El portugués siempre me dejaba en el lugar indicado. Cuando le conté eso de la navidad lloró y puso sus manos sobre mis cabellos, prometiéndome que nunca más dejaría de tener regalos ese día.

Pienso que ahora ya no querrás crecer para matarme ¿verdad? No, nunca haría eso. Lo dije cuando tenía rabia. Yo nunca voy a matar a nadie. No soy antropófago. Casi dio un salto. ¿Qué dijiste? Que no era antropófago. ¿Y sabes lo que es eso? Y le expliqué. Soltó una alegre carcajada. Acordamos de no llamarlo de “usted”, si no “portuga” que sonaba más de amigos, cuando estábamos por llegar, bajó y me llevó a la parte trasera del coche e hice el “murciélago”, él manejo lentamente. Me sentí alegre, recosté mi cabeza junto a su brazo, ¡portuga! Hum… Nunca más quiero estar lejos de ti. ¿Sabes? ¿Por qué? Porque eres la mejor persona del mundo. Nadie me maltrata cuando estoy cerca de ti y siento “un sol de felicidad dentro de mi corazón”.

  1. DOS PALIZAS MEMORABLES.

Yo estaba al lado de Totoca, aprendiendo a hacer un globo. Desde entonces la idea de mi globo no me salió ya de la cabeza. Ofrecí mis bolitas y figuritas por diez centavos. Birquinho me los compró. Entré volando en el negocio de “Miseria y Hambre”. Compré papel de seda, color rosado y amarillo. Comenzó a oscurecer y yo trabajaba. A mi lado estaba Luis. ¡Zezé!… ¡Luis!… Gritó Jandira tenía la manía de darnos a comer más temprano. La diabla estaba de mal humor. Entró violentamente en la sala y me agarró de las orejas. Entonces me enojé. No como. No como. ¡No como! Quiero acabar de hacer mi globo. Ella se volvió hecha una fiera. Y me tiró en medio del comedor. El diablo se soltó dentro de mí. La rebelión estalló. ¿Sabes lo que eres? ¡Una puta! Agarró la mano de cuero de encima de la mesa y comenzó a pegarme sin piedad. ¡Puta! ¡Puta! ¡Hija de una puta! Ella no paraba y mi cuerpo era un solo dolor de fuego. Totoca también me pegó en los ojos, en la cara, en la nariz. Sobre todo en la boca. Gloria vino y me defendió. Y curó mis heridas. Completamente desamparados lloramos juntos. No fui a la escuela, ni vi al portugués. Me refugiaba en la sombra de mi planta naranja-lima. Vi a papá triste. Quise hacer algo por él. Podría cantar bien bajito, y eso seguramente lo iba a mejorar. Comencé bajito. “Yo quiero una mujer desnuda bien desnuda…” Mi papá lo escuchó. Y estalló una bofetada en mi cara. Mi rostro no se podía mover era arrojado de un lado a otro. ¡Asesino!… Mátame de una vez. La cárcel está ahí para vengarme. Y me pegó sin piedad con el cinto. De nuevo vino Gloria, y paró la golpiza cruel. Me desmayé. Desperté el dolor era cada vez menos. Mamá. Le dije bajito: Mamá, yo no debía de haber nacido. Debía haber sido como mi globo. Me acarició tristemente la cabeza. Todo el mundo debe haber nacido así, como nació. Tú también. Solo que a veces, Zezé eres demasiado atrevido…

  1. SUAVE Y EXTRAÑO PEDIDO.

Se necesitó de una semana para que me recuperase del todo. Me quedaba quietecito sin ganas de nada, sentado casi siempre cerca de Minguito. Mirando la vida perdido en un desinterés por todo. Llegó el día en que podía ir a la escuela. Pero no fui a ella. Sabía que el portuga había pasado una semana esperando con “nuestro” coche, y naturalmente solo volvería a esperarme cuando avisara. Debía de estar muy preocupado con mi ausencia. Fui a la confitería. Don Ladislao dijo: ¡Portuga mira quien está ahí! Abrió los brazos y me apretó largamente. Me pidió que le contara que me pasó. No puedo. Aquí no puedo. ¿A dónde quieres ir? Solamente salir de aquí. Fuimos. Portuga, mírame la cara. Cara no, hocico. En casa dicen que yo tengo hocico. Estoy hinchado de tantas palizas. Le fui contando todo. Sus ojos se humedecieron. No sirvo para nada. Soy tan malo. Esas son tonterías. Todavía eres un angelito. No debieras hablar esas palabrotas a tu hermana. ¿Y eso del tango sabias lo que estabas cantando? No pensaba en lo que quería decir… Portuga eres el único amigo que tengo.  Hoy en la noche me voy a tirar debajo de las ruedas del Mangaratiba (tren) Yo te quiero mucho muchacho. Mucho más de lo que piensas. Vamos sonríe. Me invitó a dar un paseo, para el día sábado.

Habíamos viajado por lindos caminos. Llegamos al lugar. Aquello era la cosa más linda del mundo. Portuga se puso a pescar. Pero de la pesca solamente se pudo sacar dos “lambaris”, que hasta daba pena haberlos pescado. Me ensucié, me dijo que me bañara me saqué mi ropa y el portuga observó las heridas y cicatrices de las palizas que había recibido.

Comimos huevos, salame, banana, pan, como a mí me gustaba. Nos echamos bajo un árbol. Conversamos y le pedí que me comprara para ser su hijo. En la casa seguramente se mueren de alegría si pueden darme. No podré sacarte del lado de tus padres ni de tu casa, aunque me gustaría mucho poder hacerlo. Eso no está bien. Pero de ahora en adelante yo, que te quería como a un hijo, voy a tratarte como si realmente lo fueras. Besé su rostro gordo y bondadoso.

  1. DE PEDAZOS Y PEDAZOS SE FORMA LA TERNURA.

Totoca había llegado y se sentó cerca de mí. Zezé ¿Quieres prestarme cuatrocientos reis? No le dije. Si me prestas te cuento dos cosas maravillosas. Quedé en silencio. Que nuestras miserias se van a acabar; papá encontró empleo de gerente en la fábrica de Santa Aleixa. Vamos a ser ricos de nuevo. Tengo que avisarte Zezé. Para que te vayas acostumbrando. La  municipalidad va a ensanchar las calles. Al agrandar las calles va a derribar todo lo que está allí. E indicó el lugar donde estaba mi planta de naranja-lima. Hice un gesto de llanto. Tomé una moneda de quinientos reis y se la entregué, mientras me limpiaba los ojos con los faldones de mi camisa. Le pedí al Portuga que me llevara al cine y él aceptó.

  1. EL MANGARATIBA

Entró al salón de clases. Jerónimo. Llegaba tarde y dijo: Que el Mangaratiba (tren) agarró al coche del portugués, en el paso de la calle da chita. Salí del colegio. Me dirigí a la confitería donde fui agarrado por don Ladislao. Las lágrimas mojaban mi rostro. Nunca más volvería a ver a  mi portuga. Fui caminando por la carretera. Cuando estaba anocheciendo me encontraba sin fuerzas, sin siquiera poder vomitar. Fui encontrado por Totoca. Me llevó a casa, Donde estuve enfermo y vomitando. El doctor Faulhaber vino y me examinó. Fue un shock. Un trauma muy fuerte. Vivirá si solamente consigue vencer ese shock. “Desde que supo que iban a cortar su planta de naranja-lima se puso así”. Todos los vecinos se preocuparon por mí. Era increíble.

Comencé a mejorar. ¡Qué fácil era morirse para algunos! Bastaba con que viniera un tren malvado. La debilidad me daba una continua somnolencia. Gloria me dijo: Dentro de poco estarás sano. ¿Para que todo el mundo me pegue? Contesté. Las cosas comenzaban a tomar su ritmo normal en la casa. Todo me recordaba al portuga.

Abrí la puerta un día y entró Minguito a hablarme se empeñó de venir a visitarme. “Vine porque sentí nostalgia, y quiero verte de nuevo bueno y alegre”. En la vida todo pasa. Pasó el Mangaratiba y le grité: ¡Asesino! ¡Asesino! Y me respondió a carcajadas. No soy culpable… No soy culpable… Era una pesadilla. Luis entró en mi habitación y me dijo: Zezé te quiero mucho ¿quieres jugar hoy conmigo? Si no estoy cansado haremos todo.

  1. SON TANTOS LOS VIEJOS ÁRBOLES.

Parecía que una nube de paz volvía a nuestro hogar. Papá me tomó de la mano y me sentó en sus rodillas. Me prometió que las cosas iban a mejorar, mamá ya no tendría que trabajar más. “Un día también vas a ser padre y descubrir que difíciles con ciertos momentos en la vida de un hombre”. Mi planta de naranja-lima había sido cortada.

  1. CONFESIÓN FINAL.

Manuel Valladares. Mi querido Portuga. Tú fuiste quien me enseñó la ternura de la vida. Mi Portuga querido. Hoy tengo cuarentaiocho años y a veces siento la impresión de que continúo siendo una criaturita.    Ubatuba 1967.

Datos de la obra Mi planta de naranja lima

Autor: José Mauro de Vasconcelos novelista brasilero

Genero literario : Narrativo

Especie literaria: Cuento

Personajes Principales:

  • Zezeo (o Zezé): Es el personaje principal y protagonista de la obra.
  • Manuel Valadares (El Portuga): Es el mejor amigo de Zezé.
  • Tío Edmundo: Es el tío de Zezé.
  • Totoca: ( Antonio) Es el hermano mayor de Zezé.
  • La Planta de naranja lima: (Minguito ,Xururuca) Junto al Portuga, es la mejor amigo de Zezé.

Personajes Secundarios 

  • Luis
  • Godóia (Gloria)
  • Lalá
  • Dindinha
  • Jandira
  • Alaide
  • Sergio
  • Señor Ariovaldo
  • Cecilia Paim
  • Don Pablo (el padre de Zezé)
  • La madre de Zezé
  • Jerónimo
  • Godofredo

Mensaje De La Obra Mi Plante De Naranja Lima

El autor da a conocer el mundo incomprendido de un niño que es hábil, imaginativo, ideal, y práctico que comprende las cosas mejor que un adulto. Dada su precocidad, es castigado, frecuentemente por sus familiares. Halla en el “Portuga” y en su pequeña planta de naranja-lima una amistad sincera, leal, y hasta familiar, que le es negado injustamente en el seno de su familia.

Bien amigos espero lo hayan disfrutado, mil gracias por la atención y hasta un próximo resumen.

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